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Sin comerlo ni beberlo

La presión subió. Estaba imparable. Desde hacia dos días mi cabeza parecía que iba a explotar, como si se me fueran a volar la tapa de los sesos. En los años con esclerosis multiple, que van 14 años, a este dolor, se sumó la sensación molesta, donde el menor ruido aturdía mi cerebro, parámetros a los que no estaba acostumbrada.
Eso molestaba. Pero lo que más se adueñaba de mis pensamientos era el atosigamiento en torno a la EM. Ahora la ligaba sin comerlo ni beberlo. Cuando no es la propia enfermedad que interfiere, son los efectos secundarios del tratamiento. Van más de 10 y confieso que agota a cualquiera. 

Presión 181/110 (tensión 18/11) y sonó la alarma. Al médico, y otra medicación más esta para controlar la presión. Para uno de los factores de riesgo que siempre tuve bajo control, va y otra medicación lo dispara.
Así no. Es cuando me dan ganas de suspender el tratamiento, una medicación inmunosupresora que tiene sus riesgos y frente a la posibilidad de en un 30% reducir el avance de la enfermedad, que uno asume focalizando que va a funcionar y no ocasionará ningún perjuicio; no para adquirir una nueva patologia. En este caso queremos restar, no sumar.
Es entonces cuando nuestro botiquín añade una nueva pastilla al desayuno matinal, para controlar un nuevo riesgo que no estaba en agenda. Ahora la hipertensión, y no por pasarnos con la sal, sino por una contraindicación de la medicación para la EM. Es en esos momentos cuando los efectos secundarios asedian, que me pregunto si vale la pena.
Aún no encuentro la respuesta, o mejor dicho según el momento hay una u otra. Dejarlo o seguir con el tratamiento para la esclerosis múltiple es la cuestión. Ya convivimos con una enfermedad, otra no queremos, y menos si es a causa de un efecto secundario.
Bastante es lo que afrontamos dia a dia: en mi caso fatiga, dolor neuropático, deficit respiratorio, disartria, disfagia, y las huellas y carencias que fue dejando la EM a su paso, y en la medida de lo posible avanzamos por la vida manteniendo una sonrisa.
Ya tenemos una enfermedad que nos condiciona, no queremos otra más que engrose la lista, con la que tenemos ya basta. Asumir los riesgos de los tratamientos tiene su coste, y más cuando los efectos no deseados nos afectan, y a esto estamos dispuestos con tal de detener lo que sea la EM. Aunque no es descabellado que ante la aparición de un nuevo síntoma, nos pongamos en alerta, y lancemos al aire la pregunta que nos hacemos muchas veces.
Todavía no se tengo clara mi decisión, estoy en esas fases que lo estoy cuestionando. Lo único que se, es que a pesar de todo, seguimos adelante.
#EM #Tratamiento #EfectosSecundarios #hipertensión
Por mariapazgiambastiani 

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